martes, 21 de diciembre de 2010

Avance: Visitante

Capítulo siete


Ya nada tenía sentido sin ella. Había olvidado la última vez que se alimentó decentemente, y no le importaban las intensas ojeras ni los ojos negros como el carbón. Negros como su cabello, pensó con melancolía. El destino le había arrebatado lo más hermoso que había experimentado desde su transformación, y lo peor era que ni siquiera pudo saber las razones.

Era de noche y caía una intensa lluvia, que lo había empapado de pies a cabeza. ¿Qué importaba ya? En su andar moribundo, se detuvo en un hospital psiquiátrico a las afueras del pueblo. Esbozó una sonrisa amarga al pensar que, de haber sido humano, seguramente lo habrían internado en un loquero a causa de su depresión. Esto era mil veces peor que cuando decidió dejar a María.

Alguien lo despertó de su letargo. Era una voz que llamaba a alguien insistentemente.

¿Señorita Brandon? ―decía el médico, sosteniendo un paraguas―. ¿Alice, cuántas veces te he dicho que te quedes dentro de tu habitación?

Imposible


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